Siempre los mediocres  envidiosos tienen la misma mirada. Siempre la misma presencia. Emanan el mismo arquid. Todos se deslumbran en su crapulencia de tu camino. Tu soledad los afana y pretenden emular tus amarguras con el fin de tener algo por lo que sentirse orgullosos. Que miserable este mundo... De seres malditos y pueriles, fascistas sin amor ni admiración por el insondable universo.

Pequeño es el mundo para el ignorante. Sólo su horror y atribulamiento le guía el camino.
Víctima de los elementos, se postra en la incertidumbre, ante un ídolo heredado.

Que poco sustento para su orgullo.

Su muerte tan sólo es una tragedia

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